A medio camino entre Pamplona y Logroño, Estella atesora las
joyas de un pasado románico compuesto por palacios, casas
señoriales, iglesias, conventos, puentes y hermosos edificios
que le han valido el sobrenombre de “la Toledo del norte”.
Por su localización,
Estella se nutre de la riqueza de la
Montaña y de la Ribera de Navarra y adquiere tintes únicos
que la diferencian del resto por su cuidada gastronomía, sus
hermosas tradiciones y, especialmente, por su historia, arte
y el transcurrir del
Camino de Santiago.
En su paseo se cruzará con peregrinos y visitantes ansiosos de conocer las
viejas calles de francos y judíos, y podrá comprobar que
sigue vivo el concepto que se tenía de Estella en el sigo XI:
"Estella es ciudad de buen pan, excelente vino, mucha
carne y pescado y toda clase de felicidad".
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Navarra es una tierra de grandes contrastes; una tierra de diversidad
que viene marcada, principalmente, por sus paisajes, que han
configurado a lo largo de los años pueblos y caracteres diversos,
tradiciones incomparables y climas y cultivos variados.
En el norte podrá acariciar la
escarpada silueta verde del Pirineo
que se ondula y pierde fuerza conforme se desciende hacia el sur,
hasta llegar la
suave tierra baldía de la Ribera. Un camino salpicado
de piedras con forma de monasterios y palacios que se suceden
a lo largo del recorrido del Camino de Santiago.
Un trayecto que le cautivará por el carácter de sus gentes: sosegado e introvertido
en el norte y alegre y bullicioso en el sur. Un itinerario compuesto
de
tradiciones vestidas de blanco y rojo y, sobre todo, plagado
de
exquisitos sabores de su rica gastronomía
compuesta de carnes y sabrosas verduras de la
huerta de la Ribera, acompañadas por los
excelentes vinos de la región.
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